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Combate incendios forestales desde las alturas

Publicado el 01 Abril 2019
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Son las 10:05 de la mañana y el humo de color blanco que se percibe a cientos de metros de distancia alerta a Carlos Alberto García Vidal, vigilante de incendios forestales de la Torre Teoca, en el Pueblo de Santa Cecilia Tepetlapa, en la alcaldía de Xochimilco.

“Continúa estable, todavía no me pasan novedades de Xochitepec”, reporta Carlos Alberto al Centro Estatal y Combate de Control de Incendios Forestales (CECIF), a través de su radio y sin perder de vista con sus miralejos el incendio que se vislumbra desde la torre, ubicada a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar.

Comenta que el secreto para ser “torrero”, es no tener miedo a las alturas. Carlos es uno de los 42 torreros de la Dirección General de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Social (CORENADR), dependiente de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México, que juegan un papel fundamental para combatir un incendio forestal en alguna de las 45 mil hectáreas de áreas forestales en la Ciudad de México.

Lo llaman “los ojos de Xochimilco” porque su responsabilidad radica en observar cualquier presencia de humo en San Gregorio, el Puerto de Santa Cruz, Xochitepec, San Mateos, San Andrés, la Zona Chinampera, el Barrio 18 y otras zonas de Xochimilco.

“Tenemos que estar caminando constantemente, nada más te sientas y ya salió una columna, te vuelves a parar y ya tienes otra de este lado. Tienes tres columnas en un ratito, una en Xochitepec, otra en la Ciénega; a todas hay que pasarles su respectivo reporte”.

Su experiencia le permite detectar qué se quema durante un incendio según el color del humo: “cuando es pasto, es de color blanco; gris cuando queman basura y cuando se trata de un incendio de Tule es negro”. Sus binoculares, son su mejor compañía y aliado de trabajo.

García Vidal recuerda que los incendios nos afectan a todos y dañan al medio ambiente, por ello pide acabar con la expresión de “ya no hay bosque porque por un descuido se prendió, o una fogata mal atendida se les fue y el bosque valió”.