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Jirafas de Chapultepec, su segunda familia

Publicado el 09 Abril 2019
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Desde hace 25 años trabaja en el Zoológico de Chapultepec, se ha desempeñado en el área de hospital y cuarenta, así como en el almacén de alimentos, pero su mayor satisfacción es convivir con las jirafas, su segunda familia. Él es Alejandro González Torres y es uno de los más de 60 cuidadores de especies del Zoológico de Chapultepec.

A su cargo está el bioma de jirafas, justo donde hace un mes nació Jira-fifí-ta, a quien por cierto vio nacer. “Es mi segunda casa, la mayor parte del tiempo estoy aquí, de su pobre casa salgo desde las cuatro de la mañana (vive en Ixtapaluca, Estado de México) y llego hasta las siete de la tarde”, comenta Alejandro.

“Como cuidador de animales llego temprano a revisar aquí el área y contar las jirafas, cuántas tenemos, nuestra función es llegar temprano, venir a revisar que estén bien todos los animales tanto jirafas como orixes, cebras, grullas y nosotros le reportamos al coordinador y éste a los médicos y así a nuestros jefes superiores”, agrega.

La mayor parte de su vida la pasa en Chapultepec, “estoy aquí conviviendo con todos los animales y especialmente jirafas que es lo mejor y lo máximo que me ha gustado, convivir con ellas, son ejemplares que están en peligro de extinción y tengo que poner un poquito más de empeño en cuidarlas”, manifiesta.

Hace tres horas que entró a trabajar al zoológico y lo primero que hizo fue tomar kilos de alfalfa acicalada y avena para darle de comer a las jirafas, cuya manada está conformada por Jira-fifí-ta, Keyla, la mamá de 17 años de edad; Chacho, el papá de 8 años; Fortunata, la abuelita de 28 años de edad y otras hembras. “Tienen su bebedero, diario se les tiene que lavar y cambiar el agua, en esta temporada de calor están tomando mucha agua”, precisa.

“Para mí es una satisfacción trabajar en este bioma de jirafas porque me gusta, es mi trabajo y de esto yo vivo. Son animales que conocen a sus cuidadores, saben quién les da de comer, cómo tratarlos, me acerco con ellos a acariciarlos. Ahorita puedo entrar, voy, les hecho agua, las acaricio y no me hacen nada porque ya conocen a los cuidadores que les dan de comer”, demuestra.

González Torres se siente honrado de estar en el Zoológico de Chapultepec, asegura que las jirafas son ejemplares dóciles que se dejan acariciar. A cada una le habla por su nombre y lo obedecen. Las jirafas saben quién les da de comer, quien limpia su hogar y quien las cuida.

Admite que la primera vez que entró al bioma de las jirafas, le dio un poco de miedo pero con el tiempo y con los años ha aprendido mucho de éstas y otras espacies: “Mi trabajo es aquí, Chapultepec, y me gusta mucho el zoológico y especialmente jirafas, esa es mi ilusión y mi ilusión es quedarme aquí. En esta temporada es cuando hay más crías, más apareamientos de las jirafas. Nos tocó criar a Aurora de manera artificial, darle de comer en un plato y darle su leche”. Hoy, Aurora, se acerca a Alejandro González para ser acariciada y las demás también.